Capítulo X - Otro día más sin ti

Admirando la obra maestra que tenía en el brazo, comencé a recordar los pormenores de cómo había llegado tan lejos. Primero era una persona común con sueños irreales y difíciles de alcanzar. Ahora estaba prácticamente en la cima del mundo. Miles de personas me seguían y adoraban, y no era por casualidad, me consideraban su “salvador”, la persona que acabaría con las desdichas y penurias que acosaban desde hace tanto tiempo al mundo.
Pero nada más lejos de la realidad, yo era la persona que les llevaría a su destrucción. Ahora pocas cosas me importaban más que el poder. Mi mama solo era un pequeño destello y Maribel solo aparecía en mis más profundos sueños.
Samael tenía algo en mente y yo previsiblemente no me iba a quedar atrás. Si conseguía adueñarme del mundo, él no se conformaría con eso e iría a por el premio mayor. ¿Sería posible que su objetivo sea llegar al cielo? Pero entonces ¿Por qué me utilizaba? si era un simple mortal y aparte no muy religioso que digamos. Todo era muy confuso pero sentía que faltaba poco para conocer la verdad.
Con el transcurso del tiempo gane muchos enemigos. Sobre todo en el viejo continente, que no aceptaban que el salvador había vuelto y que ellos habían errado en sus milenarias costumbres cristianas.
Mis ideologías y palabras derrumbaban los estamentos que habían perdurado desde que supuestamente Jesús los había creado. Para ellos era una amenaza, su religión estaba desgastada y criticada, mientras que mis seguidores podían conocer más de cerca la vida espiritual.
“Durante mucho tiempo hemos orado a figuras de piedra, perdonado a pecadores simplemente yendo a confesatorios, pensando que con eso Dios nos iba a perdonar. Golpeándonos el pecho y yendo a comulgar para luego a la salida del templo seguir con nuestra vida llena de excesos y mentiras. Nadie es perfecto todos fallamos. Díganme una sola persona que se lleve bien con todo el mundo, sea amigo de todos, alguno que quiera a las personas que luego le traicionan……”
Todas esas palabras iluminaban los ojos de millones de personas que pensaban que por fin habían encontrado su verdadera religión la que les iba a salvar. Pobres ilusos no sabían que todo era un plan para conseguir el poder que tanto anhelaba.
En ese instante tocaron la puerta al parecer tenía visita. Algo raro porque ya eran más de las 2 de la madrugada.
-Señor José, mi nombre es Susana Valle tengo un mensaje urgente desde el puesto de control. Me dijo una voz entrecortada.
-¿Es grave? Le respondí.
-Podría decirse que sí. La guerra comenzó.
Rápidamente me enfundé mi traje militar y salí apresurado hacia el puesto de control. Las tropas de los “rebeldes” –así decidí llamarlos- avanzaban desde Alemania conjuntamente con Rusia hacia el punto de encuentro que era España. Parecía como si Europa hubiera unido fuerzas para luchar contra los “malos de la película” (que éramos nosotros claro). Mientras que África, Oceanía y Asia parecían no inmutarse con tal enfrentamiento. Tras varias llamadas de su “salvador” y una breve espera América entera se unió para combatir. Era una lucha contra Europa, que hipócritamente defendía que debíamos seguir su misma religión, puesto que la suya era la verdadera y la que deberíamos seguir. Pero su temor era que el “salvador” no estaba en sus tierras y mucho menos quería estarlo. En pocas palabras no querían que siguiera adquiriendo más y más poder, ofreciendo salvación y protección a los míos y por otro lado perdición y condena a los demás.
Las negociaciones comenzaron pero pronto se rompieron, la guerra era inevitable. Ofrecí ir yo mismo hacia tierras enemigas para conocer las verdaderas intenciones de los “rebeldes”. Ellos gustosamente aceptaron puesto sabían que estando en sus tierras era blanco fácil, pero ellos no sabían que yo contaba con una ayuda “divina”.
Pronto estaba en un avión rumbo a España para reunirme con los más grandes dirigentes de aquel continente. Samael no se había separado de mi en ningún momento, silenciosamente había seguido mis movimientos y sabia de mis intenciones. Entonces comencé a ver delante de mí cazas que se acercaban a gran velocidad. Ni siquiera había aterrizado y ya me querían matar.
Ordene a mis pilotos ganar altitud para intentar perderlos, ellos confundidos obedecieron y tras pasar una gran masa de nubes nos vimos de frente a veintena de cazas listo para disparar. Sin tiempo para mediar palabra comenzaron a disparar. Y pronto el avión comenzó a arder.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

owww cada vz aumentas más d entradas!
m parec genial jorgote!
sigue inspirandote
y gracias x ayudarnos n l blog =D

tqm. wewe

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