En el fondo de una celda fría y húmeda, mis últimas esperanzas brotaban de mi subconsciente. Era un momento muy delicado, los guardias en su afán de encontrar un culpable a los secuestros, empezaron a rumorear que yo lo era.
En estas fiestas todos querían colgarse medallas y que mejor forma capturando al buscado y odiado secuestrador. Las pruebas estaban en mi contra y la muchedumbre ardía por ajusticiar a cualquier persona con la más mínima culpa. Lamentablemente yo era esa persona.
A punto de conciliar el sueño una persona era encerrada en mi celda, haciendo mi calvario un poco más llevadero.
-Hola, ¿Cómo te llamas? Me pregunto.
-José, ¿y tú? Le respondí.
-Jhonas. Me parece que al menos tendré alguien con pasar esta noche, estos disque policías me arrestaron sin justificación.
-Pues, ya somos dos. No estamos con suerte hoy.
-Te aseguro que mañana estaremos en la calle amigo.
Tras esas palabras intente relajarme un poco, recostado en aquella cama, empecé a imaginar que sería de mi vida ahora. No era fácil haberlo tenido todo para que, en el transcurso de unos días todo se desvaneciera.
Con el transcurso de las horas, la celda se hacía cada vez más estrecha y fría, pero sin motivo alguno un calor empezó a brotar del fondo de mi corazón. Al cabo de unos segundos, ese calor invadió todo mi cuerpo y sentía que podía derrumbar el muro que me contenía, con solo un soplido.
A pesar de que todo parecía perdido, sentí que alguien siempre había estado ahí, que me daría la mano para levantarte. En ese momento empecé a recordar, los intensos días de sol, en los que con Maribel decidíamos tomar el sol y dibujar una vida juntos.
Ahora el sol, había dejado paso a una oscuridad eterna pero todavía quedada un pequeño rayo de luz, que provocaba en mí, la sensación de que no todo estaba perdido, de que todavía habitaba en mí, un resquicio donde la esperanza seguía latente.
En la mañana siguiente, mi papa me fue a ver, con una apetitosa caja de frutas variadas, para hacer mi estancia en la prisión menos estresante por la deliciosa comida que servían.
-¿Hasta cuanto estarás aquí hijo? Me pregunto preocupado.
-Parece que me tendrán aquí esta que me encuentren algo de culpa. Le respondí.
-Me siento muy apenado por todo lo que estás pasando, tú has estado muy bien por allá, haberte traído para esto…….me siento culpable por lo que estas pasando hijo.
-Papa nadie sabía que esto pasaría, no es el momento de buscar culpables. Tú me has ayudado mucho y para nada me arrepiento de haber venido.
-De todos modos pienso que nuestro disque momento de estar juntos se haya convertido en un viaje de pesadillas.
-No hay que perder la esperanza de todo pronto pasara. Solo te pido que por favor cuides mucho de mi hermano.
De nuevo en mi habitáculo cinco estrellas, donde hasta las cucarachas tenían que hacer reserva para entrar, cerré mis ojos y mis pensamientos volvieron a centrarse en Maribel.
Todavía no podía entender el porqué de su decisión, realmente sentía que el corazón se me hacia pedazos y poco a poco se iban esparciendo por todo mi cuerpo. Todo ese dolor se iba convirtiendo en odio hacia esa persona y tal vez rencor por no estar ahora conmigo.
Comencé a entender que ahora estaba solo, que la vida no me importaba sin las dos personas que quería con devoción. No me importaba lo que me pasara, solo me importaba volver a reconstruir mi vida.
Hasta sería capaz de aceptar cualquier exigencia de aquel ser, con tal de volver a ver aunque sea un segundo a Maribel y mi mama. Aunque solo fuera un momento daría lo que fuera por estar con ellas.
De repente abrí mis ojos, y vi a Jhonas parado al lado mío mirándome fijamente. No entendía nada, y justo en ese momento mis ojos se nublaron, poco a poco comencé a sentir que mi cuerpo se desintegraba y antes de perder el conocimiento logré escuchar una voz que decía.
-Deseo concedido.
En estas fiestas todos querían colgarse medallas y que mejor forma capturando al buscado y odiado secuestrador. Las pruebas estaban en mi contra y la muchedumbre ardía por ajusticiar a cualquier persona con la más mínima culpa. Lamentablemente yo era esa persona.
A punto de conciliar el sueño una persona era encerrada en mi celda, haciendo mi calvario un poco más llevadero.
-Hola, ¿Cómo te llamas? Me pregunto.
-José, ¿y tú? Le respondí.
-Jhonas. Me parece que al menos tendré alguien con pasar esta noche, estos disque policías me arrestaron sin justificación.
-Pues, ya somos dos. No estamos con suerte hoy.
-Te aseguro que mañana estaremos en la calle amigo.
Tras esas palabras intente relajarme un poco, recostado en aquella cama, empecé a imaginar que sería de mi vida ahora. No era fácil haberlo tenido todo para que, en el transcurso de unos días todo se desvaneciera.
Con el transcurso de las horas, la celda se hacía cada vez más estrecha y fría, pero sin motivo alguno un calor empezó a brotar del fondo de mi corazón. Al cabo de unos segundos, ese calor invadió todo mi cuerpo y sentía que podía derrumbar el muro que me contenía, con solo un soplido.
A pesar de que todo parecía perdido, sentí que alguien siempre había estado ahí, que me daría la mano para levantarte. En ese momento empecé a recordar, los intensos días de sol, en los que con Maribel decidíamos tomar el sol y dibujar una vida juntos.
Ahora el sol, había dejado paso a una oscuridad eterna pero todavía quedada un pequeño rayo de luz, que provocaba en mí, la sensación de que no todo estaba perdido, de que todavía habitaba en mí, un resquicio donde la esperanza seguía latente.
En la mañana siguiente, mi papa me fue a ver, con una apetitosa caja de frutas variadas, para hacer mi estancia en la prisión menos estresante por la deliciosa comida que servían.
-¿Hasta cuanto estarás aquí hijo? Me pregunto preocupado.
-Parece que me tendrán aquí esta que me encuentren algo de culpa. Le respondí.
-Me siento muy apenado por todo lo que estás pasando, tú has estado muy bien por allá, haberte traído para esto…….me siento culpable por lo que estas pasando hijo.
-Papa nadie sabía que esto pasaría, no es el momento de buscar culpables. Tú me has ayudado mucho y para nada me arrepiento de haber venido.
-De todos modos pienso que nuestro disque momento de estar juntos se haya convertido en un viaje de pesadillas.
-No hay que perder la esperanza de todo pronto pasara. Solo te pido que por favor cuides mucho de mi hermano.
De nuevo en mi habitáculo cinco estrellas, donde hasta las cucarachas tenían que hacer reserva para entrar, cerré mis ojos y mis pensamientos volvieron a centrarse en Maribel.
Todavía no podía entender el porqué de su decisión, realmente sentía que el corazón se me hacia pedazos y poco a poco se iban esparciendo por todo mi cuerpo. Todo ese dolor se iba convirtiendo en odio hacia esa persona y tal vez rencor por no estar ahora conmigo.
Comencé a entender que ahora estaba solo, que la vida no me importaba sin las dos personas que quería con devoción. No me importaba lo que me pasara, solo me importaba volver a reconstruir mi vida.
Hasta sería capaz de aceptar cualquier exigencia de aquel ser, con tal de volver a ver aunque sea un segundo a Maribel y mi mama. Aunque solo fuera un momento daría lo que fuera por estar con ellas.
De repente abrí mis ojos, y vi a Jhonas parado al lado mío mirándome fijamente. No entendía nada, y justo en ese momento mis ojos se nublaron, poco a poco comencé a sentir que mi cuerpo se desintegraba y antes de perder el conocimiento logré escuchar una voz que decía.
-Deseo concedido.
1 comentarios:
bn ahi chivita estas de escritora ojala te vaya elegante p suerte chivito :)
Publicar un comentario