Capítulo I - El viaje

9 comentarios
Es la 1:28 de la madrugada y aún no pude conciliar el sueño, sigo pensando si lo que haré será lo correcto o no pero ¿Quién puede saber si lo que hace uno es lo correcto? como dicen sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas. Estoy ante una decisión que cambiaría por completo mi vida pero ¿Cómo llegue a esta situación? ¿Cómo pude llegar al extremo de querer la vida de otra persona, antes que incluso la mía propia? No lo sé, lo único que sé es que no me importa lo que me pase mientras pueda estar un segundo más a su lado.
Al mirar por mi ventana y ver las estrellas, me vienen a la mente esos dulces recuerdos en donde yo era feliz, donde los dos éramos felices. Todo empezó un día de Febrero, a pesar de que ya la conocía de antes, ese día mis ojos la vieron todavía más bella, y tras unos intentos fallidos me dio la oportunidad de hacerla feliz. Eran otros tiempos claro, vivíamos de la ilusión de los primeros compases del amor, para poco a poco entender lo crudo y cruel que puede llegar a ser el tan ansiado y buscado amor.
Nunca saldrá de mi cabeza, el día en el que nos juramos estar toda la vida juntos, compartir todo y formar una familia. Fue un día muy importante para mí, puesto que, la familia era para mí lo más importante.
Luego de innumerables momentos de felicidad y otros tantos de tristeza, llego el momento de la despedida. Yo tenía que viajar por motivos familiares. Lloramos mucho el día del adiós y a pesar de que el sol iluminaba con fuerza había un nubarrón en mi corazón. Eran dos meses los que estaría alejada de ella, me llevaba todo lo necesario para el viaje: ropa, elementos de higiene personal, mp4, etc. Pero no me llevaba lo más importante. Mi corazón lo dejaba.
-Maribel, estaré un tiempo lejos de ti, pero a pesar de la distancia, yo en todo momento te tendré presente, no habrá día que al salir el sol, no piense en ti. Le dije antes de partir.
-Yo también lo haré José, siempre estaremos juntos pase lo que pase. Me dijo antes de quebrar en llanto.
-Sabes muy bien, que yo soy para ti, y tú eres para mí. Por fin logre encontrar a mi Julieta. Después de estas palabras la abrace muy fuerte.
-Siempre me dices cosas lindas, te esperaré no te preocupes amor. Tu futura familia te estará esperando aquí, tienes que volver.
-Cada día que pasa, me convenzo más de que tú, eres la persona que Dios me puso en el camino para pasar el resto de mi vida. Te amo mucho Maribel
-Por eso siempre nos querremos a mí también me pusieron un angelito en mi camino.
Nos dimos el ultimo y emotivo beso, y me embarqué a un nuevo país, una nueva cultura que a la postre marcaría mi vida. Los primeros días sin ella, los pude superar con arduo trabajo con mi padre, del cual a pesar de sus defectos, guardo gran admiración.
El trabajo no era el más lindo del mundo, limpiar los autos de las personas más adineradas de la ciudad, no es que me hiciera el chico más feliz estaba claro. Pero yo lo hacía por tener con que solventar mis gastos y pensar en lo que podré hacer con el dinero que recaude me hacía muy feliz.
Mis padres Carmelo y Maricielo, mi hermano Carmelo y mi perrito Walter eran lo que llenaban el vacio, de tener a mí amada lejos.
-Estoy muy contenta de tener de nuevo a mis dos hijos juntos. Dijo mi mamá.
-Grrrrr. Gruñó mi perrito.
-Parece que te olvidas de alguien mamá. Comento mi hermano soltando luego una carcajada.
-Sin dudas a este perrito, solo le falta hablar. Agrego mi papa.
-Es verdad, pero en vez de tener un hijo perro, deberían tener otro hijo ustedes ¿no? O ya se te acabo la pila papá. Comente obviamente con ganas de molesta a mi papa.
-¿Tú sabes cuantas se han muerto en este pechito? Intento resarcirse mi papá.
-Habrá sido por olor de tus axilas, porque menuda peste el tío. Bromeo mi hermano.
-Hay hijito, no hables mucho porque como dicen de tal palo tal astilla, no habrás sacado su cara pero en carácter eres igualito. Comento mi mama.
Eran días de felicidad para mí y toda mi familia. Y con la seguridad de que mi amada esperaba ansiosa mi vuelta. Pero un día, el destino tuvo que entrometerse en la felicidad que hasta ese día había disfrutado. Después de cenar y pensar en todo lo que había pasado durante mi estancia en aquella ciudad, me decidí a decirle lo que pensaba a mi papá.
-Papa ¿Por qué no volvemos? ¿No te has cansado de estar aquí? Halla no tendremos riquezas, pero al menos podremos estar todos juntos. Le comente.
-Sabes que si por mí fuera hace tiempo nos habríamos ido. Me respondió.
-Pero tu madre no quiere saber nada de volver, ella quiere darte un futuro mejor, sabes que allá no tendrás las mismas oportunidades.
-Cierto, pero con trabajo duro, podremos conseguir grandes cosas.
-Hablando de tu mamá ¿Dónde está? Hace una hora que tendría que haber llegado.
-Mi mamá no es de llegar tarde ¿Y si le paso algo?
Las llamadas a su teléfono fueron inútiles. Tenía el teléfono apagado. Con cada segundo que pasaba en temor a que le haya pasado algo, crecía y crecía. Hasta que decidimos salir en su búsqueda.
Los días fueron pasando y la angustia seguía creciendo. Las noticias hablaban de una ola de secuestros en la toda la nación, sin una explicación razonable. Ese fue el momento en donde mi alma no pudo contener la tristeza y lloro sin poder nadie consolarla.
Ahí fue cuando sin mi mama, y con mi pareja a miles de kilómetros busque el apoyo en Dios. No era una persona muy religiosa la verdad, pero necesita la ayuda de alguien. Él era el único que podría devolverme a mi mamá, si ella seguía con vida, la estaría cuidando y protegiendo.

Capítulo II - Revelación

1 comentarios
La imagen de mi mama se hacía cada vez más difusa. Los días transcurrían, como burlándose de mi pobre existencia. Había empezado a tener sueños donde extrañamente yo era una persona feliz. Pero en los que una inmunda pestilencia embadurnaba el aire.
-¿Quién eres? Pregunte.
-Soy el que calmará tu dolor. Todo a mi lado será bello. Me respondió aquella siniestra voz.
-Pero, tu aspecto no es que sea muy hermoso que digamos.
-Eres demasiado joven para comprender lo que es hermoso, querido amigo.
-No seré tan viejo coemo tú, pero al menos se apreciar una cara bonita y la tuya, aunque te duela, no lo es.
-¿Bonita como la cara de Maribel?
-¿Y tu como sabes de su existencia? Vil monstruo responde o destruiré lo que te queda de cara.
-Tranquilo amigo, no te alteres de esa manera. Como te dije conmigo serás feliz y la tendrás a ella y a tu mamá Maricielo.
-¿Cómo? Repite eso.
-En mi mundo tú serás el rey. Lo tendrás absolutamente todo.
-¿Acaso tú sabrás lo que realmente quiero?
-José, yo sé hasta dónde está tu mamá.
Al despertar de ese inmundo sueño, empecé a pensar si ese ser de verdad existía o solo era fruto de un sueño. Pero lo que tenía claro es que alguien o algo sabían el paradero de mi mama y yo debía averiguar quién.
A la mañana siguiente, al término de una nueva jordana religiosa, decidí ir al confesionario. Nunca lo había hecho, pero pensé que así podría estar más cerca de Dios.
-Padre estoy confundido, soy una buena persona pero mi vida no es feliz. Le confesé.
-Hijo mío, nuestro Dios nos pone pruebas, en las que debemos demostrar fe.
-Pero sigo todos los pasos de la doctrina cristiana, cumplo con mis votos y no tengo lo que deseo.
-Si no consigues lo que quieres será que Dios lo ha escrito así.
-¿Acaso Dios a escrito que mi mamá desaparezca sin motivo alguno?
-No hijo, tu mamá si tiene fe ni tú, ni ella, tendrán de que preocuparse, ahora tu mamá está en manos de Dios.
-¿Y si Dios fue el que decidió llevársela?
-Si fue así hijo, seguro que Dios sabrá porque lo hizo.
-Dios no tiene motivos para habérsela llevado.
Totalmente decepcionado de la respuesta del padre, decidí volver a mi casa con la esperanza de que mi mama estuviera ahí.
“Los casos de secuestro en la capital se han incrementado y la cifra de desaparecidos asciende a 2000 personas. Las autoridades locales y nacionales trabajan en conjunto para descubrir al o los culpables de esta barbarie…”
Ni en mi casa podía estar tranquilo, el televisor cruelmente me hacia recordar que todavía no averiguaba el paradero de mi mama. Al menos podía consolarme hablando por teléfono con la otra mujer que era importante para mí.
-¿Y ya sabes cuándo volverás? Me pregunto.
-No lo sé amor, con esto de mi mamá no puedo dejar a mi familia sola. Le conteste.
-Sé que tu mamá es importante para ti, pero te echo mucho de menos, ha pasado poco más de un mes y cada día necesito más y más de ti.
-Daría todo por volver a estar contigo, sabes que es lo primordial para mí pero ahora no puedo abandonar a mi familia, espero me sepas comprender.
-Está bien y dime pudieron averiguar algo sobre tu mama y ¿Cuándo estarías volviendo?
-No se sabe nada hasta ahora, y estos días estuve pensando que lo mejor sería quedarme aquí.
-¿Qué? No estarás hablando en serio.
-Maribel por favor entiende que no puedo irme, esto tampoco es fácil para mí, pon tú también de tu parte.
-¿Cómo puedo entender que ya no te volveré a ver?
-Si nos volveremos a ver ¿Por qué no vienes?
-Sabes que mis papas no lo permitirían.
-Entonces hare lo imposible para estar de nuevo a tu lado. Ya es tarde mañana tengo que volver a trabajar y buscar a mi mama, cuídate mucho y recuerda que te amo Maribel.
Todos ya estaban durmiendo, yo era el único que todavía seguía pensando en una posible solución. Por una parte tenía que quedarme por mi mamá pero por otra la chica con la que pasaría el resto de mi vida, me esperaba impaciente.
Me encontraba entre la espada y la pared, quién era más importante, la mujer que me dio la vida y que lucho por darme una buena vida o la mujer que me dará una familia y pasará el resto de su vida a mi lado.
Ante aquella dramática situación, desearía poder tener alguien que me consolara y que pudiera responder a las miles de preguntas que rondaban por mi cabeza.
-Si dios se la había llevado, ¿Por qué lo hizo? ¿Para qué? ¿Por qué no permitía que siguiera a mi lado? Me pregunté trastornado.
-Después de tanto tiempo sin verla tiene que pasar esto.
-Ojala hubiera alguien que me acompañe en este triste momento, ¿Por qué nadie está conmigo ahora?
De repente sentí aquel nauseabundo olor que empezó a llenar todo el salón y aunque sentía miedo, sabía que él había vuelto y ahora era el momento de enfrentarlo.

Capítulo III - Empieza el duelo

1 comentarios
Después de una larga noche con aquel personaje, algunas dudas se me habían aclarado; primero él no era fruto de mi imaginación, segundo aunque tuviera un aspecto maligno él por alguna razón quería ayudarme y tercero sabia donde estaba mi mamá.
Aunque tenía claro que no era bueno, sentía que debía confiar en él. También sentía que tenía un inmenso poder, así que debería jugar bien mis cartas si no quería que ese ser, terminará por convertirme en una ficha con la cual pudiera hacer lo que quisiera.
Temía contárselo a alguien, ya que me tomarían por loco o que aquel ser quisiera mantenerse en anonimato y al contar de su existencia se fuera para nunca más volver.
-Hijo, ¿hoy de nuevo saldremos en busca de tu madre? Me pregunto mi papá.
-Claro que sí, no descansaré hasta encontrarla. Le respondí.
-Daría lo que fuera por que alguien me dijera dónde está tu mamá.
-Tengo un pequeño presentimiento, se podría decir que soñé donde está.
-¿Confías en un sueño hijo?
-Sé que es difícil entenderlo, pero por intentarlo que pasara nada. Más perdemos el tiempo aquí esperando a la nada.
Aquel ser me había, dicho que las personas desaparecidas son obra de un ser maligno (como si él no tuviera la pinta de malo) y que debería ir con cuidado si no quería caer en sus garras.
Llegamos al lugar donde me había señalado como el sitio donde estaban todos los desaparecidos. Era un campo lleno de arboles, sin rastros de civilización y aparentemente no muy idóneo para ocultar a más de 2000 personas.
-¿Estás seguro que es aquí? Me pregunto mi hermano contrariado.
-Sí, es idéntico a lo que había soñado. Le respondí.
-Mi papa Carmelo se fue a la ciudad a ver si alguien ha visto alguna actividad sospechosa, no tardará en volver. Sería bueno no separarnos, este lugar es muy grande.
-No lo entiendo lo veía tan real, te juro que soñé que estaba parada allí, justo donde tú estás ahora.
-Pero José solo fue un sueño. Si se cumpliera todo lo que sueño, ahora mi esposa sería Beyonce.
-Gracias por animarme hermano, pero yo estoy convencido de que ella está o capaz a estado aquí.
Al regresar a casa el sentimiento de ira invadió mi cuerpo, ese ser me había engañado. Quería volver a encontrarlo pero él, ya no volvió.
Quedaban pocos días para mi hipotético viaje de retorno, pero todavía no tenía noticias de mi mamá. El sentimiento de angustia recorría todo mi ser y veía como toda la felicidad que algún día había tenido, en un abrir y cerrar de ojos había desaparecido.
Había dejado de asistir a la iglesia. Desde la última vez, desapareció de mi mente volver a saber algo de ellos. Pero al pasar de nuevo por la iglesia me pregunte: si Dios no me puede ayudar ¿Quien lo hará? ¿Ese ser maligno, que me engaño?
Al ingresar a la iglesia note algo diferente, todo estaba más vacio y en silencio de lo normal. Las únicas personas presentes eran los curas y monaguillos que organizaban las misas.
-Padre, ¿Ha sucedido alguna desgracia? ¿Por qué la iglesia esta tan desolada? Pregunte.
-Hijo, es grato volver a verte después de tantos días. ¿Qué fue lo que te sucedió? Me pregunto el padre.
-Tuve una pequeña, digamos crisis espiritual.
-Parece que todos tienen miedo de salir a las calles, hijo mío.
-¿La gente está temerosa de asistir a la iglesia?
-Se ha difundido el rumor de que pronto habrá una guerra, que los secuestros son obra de personas sin corazón, que buscan desequilibrar la nación. La mayoría de hermanos se está preparando para lo peor.
-¿Pero quién ha dicho eso? No es que dude de su palabra, pero usted es la primera persona que me lo dice. Y eso que yo estoy informado de todo lo que pasa.
-Hijo mío quieren destruir a la iglesia católica. Por ello no podemos comentarlo, si se llegan a enterar que nos estamos preparando, nos atacarán.
-¿Y los demás? Que será de las otras personas que no son de nuestra iglesia.
-Hijo, ellos ya eligieron su destino.
Confundido de nuevo por las palabras del padre, comencé a imaginar que si él estaba en lo correcto ese ser quería ponerme a su lado para afrontar la llamada guerra. Luego de haber postergado mi viaje y comprando un viaje de ida para Maribel, empecé a preparar todo para lo peor.
Todos tenemos algo por lo que luchar, yo no solo luchaba por el mal que asechaba, sino también contra mí mismo, ya que estaba empezando a dudar de quién era verdaderamente el malo.
Sería verdad que ese ser malvado y la iglesia, estuvieran del mismo lado o será que uno de los dos estará mintiendo. Tengo que volver a ver a ese ser.
A la mañana siguiente, me levanté con otros aires. Empecé a creer que por fin cambiaría mi suerte pero justo en ese momento, recibí la inesperada llamada de Maribel.
-Hola amor espero que estés bien, desde hace unos días quería contarte algo. Me dijo.
-Ese tono de voz no me ha gustado nada, dime ¿Ha pasado algo malo? Le respondí temeroso.
-Estos días, te he estado echando mucho de menos y he pensado que lo mejor sería darnos un tiempo.
- ¿Qué? No me puedes hacer esto ahora.
-José es lo mejor, entiéndeme. Tu ahora debes estar pendiente de encontrar a tu mamá yo te entiendo.
-Ya perdí a mi mamá, no puedo perderte a ti también por favor.
-Cambiaré mi numero no m vuelvas a llamar, tampoco llames a mi fijo que no contestaré.
-Maribel no me digas esas cosas, yo te amo.
-Aunque no me creas, yo también.
Y luego de un brusco golpe, deje de oír su voz, esa voz que durante tanto tiempo y tantas veces me habían dicho te amo, ahora se convertía en una voz que peor que puñales, hacia romperme el corazón en miles de pedazos.

Capítulo IV - El sol dejó de brillar

2 comentarios
Llevaba incontables días sin comer, la vista se me había empezado a nublar y para colmo de males, ese ser en mí peor momento, había vuelto para atormentarme.
-Veo que te derrumbas por cualquier cosa, querido amigo. Me dijo.
-Como dicen las desgracias nunca vienes solas, encima de los problemas que se pusieron en mi camino, tengo que soportar tu asquerosa cara. Le respondí.
-Eso te pasa por no hacerme caso, en vez de ser feliz aquí, preferiste seguir sufriendo.
-¿Acaso tu no me mentiste? Y encima luego de eso desapareciste.
-No te das cuenta que ese ser maligno, ¿descubrió nuestro plan?
-Si él es el ser maligno, ¿tú quien eres? ¿La abuelita de caperucita roja?
-¿Sabes? Me haces reír tanto, al igual que cuando Maribel te dijo que no la llames, me reí tanto. Deberías haber visto tu cara.
-¿Y tú, has visto la tuya? Ah me olvidaba de que no tienes cara.
-Nos llevamos bien amigo, ¿por qué insistes en seguir viviendo en un mundo donde la gente te falla? Las personas que mas amabas se fueron y te dejaron solo.
-Si ellos me dejaron no fue porque no me amaban sino fue porque alguien los separo de mí.
-Sí, ese malévolo hombre se llevo a tu mamá y a Maribel también.
-¿Hombre? ¿De quién me estás hablando?
-El llamado salvador, es una simple invención para que las personas, crean tontamente que algún día vendrá y los salvará. Pobres humanos.
-¿Y si lo hiciste tú?
-Te ofrezco hallar a tu mamá y devolverte a tu amaba, ¿y aun dudas?
-¿Me pides que confíe en ti habiéndome fallado?
-Si quieres una prueba del compromiso que tengo contigo, solo pídemelo.
Estaba claro que quería engatusarme con sus falsas promesas pero si le pedía que me devolviera a mi mamá todo acabaría, podría volver en busca de Maribel y averiguar porque se alejo de mí de esa manera.
Quizás luego me pediría algo a cambio y ahí sí que no habría marcha atrás. Tenía miedo a equivocarme, pero que mas podría perder, ni mi mamá, ni mi amada estaban conmigo. ¿Que más me quedada? Solo somos gotas de un inmenso rio.
Tenía que elegir bien mi próximo movimiento, estaba en medio de una guerra que estaba a punto de estallar, y en algún momento tenía que decidir de qué lado estar.
Las calles empezaron a recobrar caminantes y las personas, dejaron a un lado los rumores de guerra y volvieron a salir a las calles. Se acercaba navidad.
Intentando recobrar la sensatez y tener la cabeza fría para saber que decidir, acudí con mi papa y mi hermano a un supermercado cercano, donde intentamos aparentar felicidad.
-Hijo, tu tío Feliciano nos ha invitado a pasar las navidades con él. Dijo mi papá.
-Me parece buena idea papá, ahora es cuando la familia debe estar más unida. Le respondí.
-Tu hermano y yo iremos a comprar unas cosas para mañana, ¿podrías ir a buscar algún regalo bonito para Walter? Las cosas de animales están en el segundo piso. Nos vemos aquí en 40 minutos.
-Está bien pero no te vayas a desviar por ahí. Cuidadito nomas.
Aunque parezca tonto y reprochable, nuestro perrito era un miembro más de la familia y por lo tanto también debía tener su regalo debajo del árbol.
Fue entonces cuando sentí que ese ser estaba cerca de mí, todo se oscureció a mí alrededor menos una parte, alce la mirada y vi como una luz se dirigía hacia una salida de emergencia. Con mucha cautela me fui acercando hacia la puerta y al abrirla, con espanto admire como un grupo de encapuchados se abalanzaban sobre una inocente chica. Y con rapidez se dirigían hacia un vehículo, estacionado a pocos metros.
Algo me decía que debía hacer algo, pero me quede inmóvil, no pude ni avisar que estaban secuestrando a otra persona. Y en ese momento no divisaba a nadie cerca para que me ayudara y por ello me arme de valor y decidí intervenir.
Corrí lo más que pude hasta alcanzar el vehículo, abrí despacio la compuerta trasera y vi con horror como había 3 personas maniatadas de pies a cabeza.
Tenía que salvarlos como sea, pero ellos eran demasiados y además sospechosamente todos habían desaparecido.
-¿Ha donde se habrán ido? Me pregunte.
-Hace unos segundos estaban aquí.
-Seguro fueron a por otra víctima. Pensé.
En ese preciso momento una enorme luz, me cegó por completo y escuche una voz.
-Ponga las manos sobre la cabeza, está usted detenido.
De nuevo ese monstruo me había engañado, me tendió una trampa. Pero, ¿Por qué me quiere detenido? ¿Acaso no me quería ayudar?
Cada vez me confundo más, cada vez todo lo veo más negro. Esta situación me está llevando al límite. ¿Ahora como podré recuperar a las personas que más amo?

Capítulo V - El regreso

1 comentarios
En el fondo de una celda fría y húmeda, mis últimas esperanzas brotaban de mi subconsciente. Era un momento muy delicado, los guardias en su afán de encontrar un culpable a los secuestros, empezaron a rumorear que yo lo era.
En estas fiestas todos querían colgarse medallas y que mejor forma capturando al buscado y odiado secuestrador. Las pruebas estaban en mi contra y la muchedumbre ardía por ajusticiar a cualquier persona con la más mínima culpa. Lamentablemente yo era esa persona.
A punto de conciliar el sueño una persona era encerrada en mi celda, haciendo mi calvario un poco más llevadero.
-Hola, ¿Cómo te llamas? Me pregunto.
-José, ¿y tú? Le respondí.
-Jhonas. Me parece que al menos tendré alguien con pasar esta noche, estos disque policías me arrestaron sin justificación.
-Pues, ya somos dos. No estamos con suerte hoy.
-Te aseguro que mañana estaremos en la calle amigo.
Tras esas palabras intente relajarme un poco, recostado en aquella cama, empecé a imaginar que sería de mi vida ahora. No era fácil haberlo tenido todo para que, en el transcurso de unos días todo se desvaneciera.
Con el transcurso de las horas, la celda se hacía cada vez más estrecha y fría, pero sin motivo alguno un calor empezó a brotar del fondo de mi corazón. Al cabo de unos segundos, ese calor invadió todo mi cuerpo y sentía que podía derrumbar el muro que me contenía, con solo un soplido.
A pesar de que todo parecía perdido, sentí que alguien siempre había estado ahí, que me daría la mano para levantarte. En ese momento empecé a recordar, los intensos días de sol, en los que con Maribel decidíamos tomar el sol y dibujar una vida juntos.
Ahora el sol, había dejado paso a una oscuridad eterna pero todavía quedada un pequeño rayo de luz, que provocaba en mí, la sensación de que no todo estaba perdido, de que todavía habitaba en mí, un resquicio donde la esperanza seguía latente.
En la mañana siguiente, mi papa me fue a ver, con una apetitosa caja de frutas variadas, para hacer mi estancia en la prisión menos estresante por la deliciosa comida que servían.
-¿Hasta cuanto estarás aquí hijo? Me pregunto preocupado.
-Parece que me tendrán aquí esta que me encuentren algo de culpa. Le respondí.
-Me siento muy apenado por todo lo que estás pasando, tú has estado muy bien por allá, haberte traído para esto…….me siento culpable por lo que estas pasando hijo.
-Papa nadie sabía que esto pasaría, no es el momento de buscar culpables. Tú me has ayudado mucho y para nada me arrepiento de haber venido.
-De todos modos pienso que nuestro disque momento de estar juntos se haya convertido en un viaje de pesadillas.
-No hay que perder la esperanza de todo pronto pasara. Solo te pido que por favor cuides mucho de mi hermano.
De nuevo en mi habitáculo cinco estrellas, donde hasta las cucarachas tenían que hacer reserva para entrar, cerré mis ojos y mis pensamientos volvieron a centrarse en Maribel.
Todavía no podía entender el porqué de su decisión, realmente sentía que el corazón se me hacia pedazos y poco a poco se iban esparciendo por todo mi cuerpo. Todo ese dolor se iba convirtiendo en odio hacia esa persona y tal vez rencor por no estar ahora conmigo.
Comencé a entender que ahora estaba solo, que la vida no me importaba sin las dos personas que quería con devoción. No me importaba lo que me pasara, solo me importaba volver a reconstruir mi vida.
Hasta sería capaz de aceptar cualquier exigencia de aquel ser, con tal de volver a ver aunque sea un segundo a Maribel y mi mama. Aunque solo fuera un momento daría lo que fuera por estar con ellas.
De repente abrí mis ojos, y vi a Jhonas parado al lado mío mirándome fijamente. No entendía nada, y justo en ese momento mis ojos se nublaron, poco a poco comencé a sentir que mi cuerpo se desintegraba y antes de perder el conocimiento logré escuchar una voz que decía.
-Deseo concedido.

Capítulo VI - La sentencia

1 comentarios
Al abrir los ojos y lo primero que vi fue el cielo. Sentí un gran dolor en mis muñecas, intente moverme pero todo intento era inútil, había algo que lo me impedía. Mire a mí alrededor y logre divisar un lindo paisaje lleno de vegetación y arboles. Todo era muy extraño a pesar de la belleza que me rodeada sentía un mal presentimiento y aparte ese dolor no me dejaba de atormentar.
De pronto todo a mí alrededor comenzó a quemarse, la tierra se empezó a abrir, se oían gritos de desesperación y a lo lejos pude divisar una figura que se acercaba poco a poco. La tierra a mí alrededor se comenzó a mover, hasta que quede totalmente de pie. Con esa perspectiva logré ver porque no me podía mover. Horrorizado vi como alrededor de mis muñecas habían introducido unos filamentos, duros como roca y tan profundos que sentía que la sangre no me llegaba a los dedos. No podía mover a mi antojo mis extremidades y aquella sombra se acercaba más y más.
Al tenerlo más cerca pude reconocer una vieja cara. Era él, por fin había decidido mostrarse tal como es. A pesar de que antes me causaba nauseas, ahora su aspecto era totalmente irreal. Se paro delante de mí, me miro con su docena de ojos y se acerco a mi oído.
-Mi nombre es Samael. Te he traído hasta aquí, para demostrarte el poder que puedo llegar a tener y para buscar algo que es mío claro. Después de tanto tiempo, al final decidiste venir…decisión muy inteligente querido amigo. Me susurro.
Antes de poder mediar palabra sentí como su mano atravesaba mi pecho, hasta el fondo de mi corazón. Poco a poco todas las penas y tristezas fueron desapareciendo y se empezó a hacer paso un sentimiento de ira y rencor.
-Intenta estar tranquilo, deja que el sentimiento recorra tus venas. Ahora tú no dependes de nadie, recuerda que nadie te quiere, todos tus seres queridos ahora están en tu contra o se han ido. ¿De verdad esto es lo que quisiste?
-Ahora ve y haz que todos paguen por lo que te hicieron. Yo si te sabré cuidar y proteger, cuando estés en problemas no dudes en llamarme.
Tras esas palabras, calló la oscuridad y volví a despertar en la prisión. Ahora en mi mente, solo recorrían ideas oscuras y tenebrosas. Marisol, paso a ocupar un lugar minúsculo en mí. Mi único deseo era salir y hablar al mundo de mis vivencias y así poder de una vez acabar con todo este calvario.
Jhonas no estaba conmigo, parecía como si lo hubiera tragado la tierra. En ese momento se escuchó una gran explosión, todo el edificio empezó a temblar y las alarmas saltaron con desesperación. A pesar de que el ruido era ensordecedor, se oigan los gritos de los demás reos, suplicando por su liberación. De pronto un hombre apareció delante de mi celda, levanto las manos e inmediatamente las celdas se abrieron.
Los presos empezaron a correr por los pasillos desesperadamente y perdí de vista a aquel hombre. Tras unos segundos de confusión, reaccioné y comencé a andar por los desiertos pasillos de la prisión. A los pocos pasos empezaron los disparos, podía ver una gran abertura en una de las paredes de la prisión y un gran número de elementos del orden que tapaban la salida.
La policía empezó a entrar en la prisión y los cadáveres de reos iban aumentando, estaba claro que luchaban por su libertad, ¿Que más podrían perder?
-Manos arriba. Escuche que alguien gritaba.
Al darme la vuelta un policía me apuntaba directamente a la cabeza y poco a poco se iba acercando.
-¡Al suelo! ¡Las manos encima de la cabeza, obedece!
Se acabo, mi escape solo había durado unos segundos, de nuevo estaba a merced de la ley. El hombre se empezó a acercar a mí, y con brusquedad me coloco las esposas. Me levanto y empezó a guiarme hacia donde estaban los demás.
-Atención he capturado a uno más estoy en el sector 6, piso 6, pasillo 6. Cambio.
-“De acuerdo 939, ahora mismo estamos enviando refuerzos a ese sector, lleve al reo a un lugar seguro y cúbrase.”
Volví al principio, dentro de unos minutos volvería a estar preso y seguramente encerrado en otra prisión. Comencé a tener un cosquilleo en las muñecas. Recordé entonces lo que paso cuando hable con Samael. Los pensamientos oscuros volvieron a recorrer toda mi cabeza y sentía que me iba a explotar.
-939, 939, informe sobre su situación.
-Estoy dentro del comedor, pasando las escaleras JM. Cambio.
Ya faltaba poco, cada segundo que pasaba se hacía más y más difícil para mí. No tenía salida, solo dependía de él.
-Buen trabajo 939 llevémoslo con los demás. Le dijo su compañero.
-Vayan adelantándose ahora voy. Respondió mi verdugo.
Entonces el agente que me detuvo, enfundo su arma y empezó a disparar sobre sus compañeros, matándolo y cayendo pesadamente sobre el piso. No podía entender que había pasado. Entonces el agente se voltio me miro y me dijo:
-Toma acá están las llaves, ves como siempre te protegeré.
Acto seguido ante mis ojos tomó su arma, se la puso en la sien, disparo y cayó pesadamente al lado de sus compañeros.

Capítulo VII - El camino errado

2 comentarios
La pila de cuerpos yacía cerca del orificio creado por la explosión, mientras que las fuerzas militares empezaban a apoderarse de cada uno de los resquicios de la cárcel. Sentía que de nuevo estaba acorralado, mi victoria había durados unos pocos minutos.
Empecé a correr lo más rápido que pude para encontrar una salida. Pero algo me hizo pararme en una ventana. Pude ver como cobardemente los militares, daban el tiro de gracia a los presos, que a pesar de estar totalmente abatidos, ensangrentados y hasta algunos mutilados se arrastraban para conseguir su ansiada libertad. No podía creer como la crueldad del hombre había llegado tan lejos, parecía como si disfrutaran ver como se arrastraban para suplicarles que les den su libertad, para luego al apretar el gatillo apagar para siempre sus voces.
Por mi mente los pensamientos oscuros volvieron a llenar mi interior. No podía tolerar su conducta, porque a pesar de los errores que tuvieron en el pasado, nadie podía quitarles la vida y menos de esa manera tan cruel y despiadada. Entonces una segunda explosión volvió a sacudir todo el edificio y un muro cayó encima de un grupo de militares que celebraba su victoria.
El desconcierto se apodero de las fuerzas del orden, algunos intentaban sin éxito ayudar a sus semejantes y otros intentaban cubrir y proteger todas las salidas. Aunque era remoto el escape, tenía que aprovechar esta situación y ayudarme del caos reinante para escapar.
Tras dar vueltas, sin saber por dónde salir, volví sentir esa sensación tan repugnante peo a la vez reparadora.
-Querido amigo, sigue este pasillo y pasando la segunda puerta veras unas escaleras. Sube por ellas y estarás en la azotea. Todas las puertas y dispositivos de seguridad están desactivados. Ahí solo tendrás que dejarte caer, descuida por la caída de 30 metros porque yo hare que bajes con total comodidad. Me dijo Samael.
-¿30 metros? ¿Crees que soy Spiderman o Superman para aguantar una caída así? Le respondí.
-Si crees en mi lo podrás lograr amigo. ¿Olvidaste que te dije que te cuidaría?
-Si llamas cuidar a pedirme que me tire desde 30 metros….mal vamos.
-Cuando llegue el momento comprenderás que eso no es nada.
-Bueno, entre que me mutilen y muera lentamente a que muera por una caída que me matará al instante, prefiero la segunda.
-¿Crees que tan rápido morirás? Todavía tengo muchos planes para ti amigo, no te desanimes.
-Bueno, bueno dejemos de parlotear y a la acción.
Me encontraba en el borde del edificio de la cárcel a centímetros de una caída libre. Comenzaba a escuchar que los militares se iban acercando cada vez más. En mi interior no tenía la seguridad de que él, pudiera llevarme hasta el suelo sin tener algún rasguño. Pero el tiempo apremiaba y debía decidirme ya.
Desde niño siempre había querido volar pero esto no se asemejaba al borde de mi cama y no había una fila de cojines que amortiguara el golpe. Respiré profundamente y antes de que pudiera dar un paso más, me encontré rodeado por un grupo de fuerzas especiales, gritándome que de media vuelta y retroceda lentamente.
-¿Apostamos a ver quien le puede dar primero en la cabeza? Empezó a murmurar el grupo.
-¡Hey tu! Quédate de espaldas y no te muevas, al menos nos divertiremos contigo un poco. Dijo un joven.
-Vamos 2703 tu primero.
Entonces el sonido se convirtió en silencio. El calor en vacio. Mis sentidos se desactivaron. Solo mis ojos podían ver lo que pasaba a mí alrededor. De pronto algo me empujó y vi como iba cayendo poco a poco, al mismo tiempo mi vista se nublaba y todo se iba apagando en mí. Hasta el momento en el que nada en mi latía.

Capítulo VIII - Un rayo de sol

2 comentarios
Volví a abrir los ojos y me encontré en un celda (¡que novedad!) con un minúsculo rayo de sol que iluminaba un pequeña parte de él. Me sentía confundido, con el cuerpo hecho polvo, como si hubiera estado corriendo dos días sin parar.
En aquel momento donde sólo la soledad me acompañaba, comencé a extrañar el calor y amor de otra persona. Comenzaba a recordad que en algún momento amé y quise a alguien. Pero de pronto el rayo de sol se apago y comencé a sentir que no me encontraba solo. El rayo volvió a entrar en la celda y pude ver durante un segundo una silueta parada delante de mí. La luz como jugando conmigo se volvió a apagar mientras podía escuchar su respiración cada vez más cerca de mí. Volvió la luz y esa silueta estaba cada vez más cerca de mí.
Sin otro lugar a donde ir, lo único que podía hacer es cerrar los ojos y esperar a que aquella silueta se detuviera o me hablara. En ese momento sentí que me cogían las manos, las apretaban con fuerza y una voz a mi oído decía:
-Amor, no tengas miedo yo siempre estaré contigo. Me dijo aquella voz.
-¿Tú? ¿La misma que me dejo en el momento más triste? Le respondí.
-Tengo que explicarte muchas cosas, no sé ni por dónde empezar. Todo fue muy rápido, siento mucho todo lo que paso.
-Ahora quieres arreglarlo todo, no sabes por todas las dificultades por las que pase. Me siento muy confundido ¿Por qué elegiste este momento para volver?
-Yo en ningún momento te he abandonado siempre he estado contigo. Ese ser no me ha permitido estar contigo antes, tienes que alejarte de él. Él solo te está utilizando no debes seguir a su lado.
-No me sigas hablando por favor, tus palabras sólo son puñales para mí, al menos ahora gracias a él, puedo vivir sin tristezas. Ahora solo hay rencor e ira dentro de mí.
-Pero no tiene porqué ser así, yo se que eres bueno no debes seguir lo que te dice él, piensa en tu familia, en los tuyos y en la gente que te ama.
-¿Gente como tú?
-Creo que venir fue en vano, tu corazón ya no es el mismo, ya no eres el chico bueno que conocí.
-¿Quién te dijo que vengas?
-Pero no te guardaré rencor que se que algún día te darás cuenta de lo que haces.
En ese momento una ráfaga de viento invadió la celda, sentí que él había llegado.
-Querido amigo, te dije que podía hacer que volvieras a ver a Maribel pero parece que ya no la quieres.
-No le hagas caso amor, aléjate de él por favor te lo ruego. No lo escuches.
-Parece que tú si cumples tus promesas, te quiero pedir una cosa más. Llévala lejos de mí, no quiero ni verla.
-José recuerda que siempre te amaré, tus palabras me duelen pero no te preocupes que ya no me volverás a ver. Adiós amor.
-Pareces la reina del melodrama, ¿no te das cuenta que mi querido amigo ya no quiere saber nada de ti? Ahora el solo tiene una palabra en su cabeza. VENGANZA.
-Así es ahora me vengaré de todas aquellas personas que no me dejaron ser feliz.
Después de unos segundos de silencio deje de sentir la presencia de Maribel y un profundo dolor invadió mi ser. Sentía que había perdido una parte de mi alma. Pensé que había dejado atrás aquellos sentimientos pero ahora más que nunca sentía que mi corazón latía con fuerza por ella.
-No pierdas el tiempo en esos sentimientos que solo te hacen ser blando y cobarde. Me dijo.
-Pero. Ella me ama.
-No te ama, ya te lo demostró.
-Quisiera verla una vez más por favor, yo sé que tu puedes.
-La verdad querido amigo, yo no la traje.
-¿Entonces como llegó a mi? ¿Como la sentía tan cerca?
-Maribel esta muerta.

Capítulo IX - La resurrección

2 comentarios
Un grito inconsolable lleno el vacio. Mis lágrimas brotaban como esquirlas de mis ojos. Y aun así, no sentía tristeza, ni dolor. Todo dentro de mí ahora estaba muerto, como ella. Mi sentido de la realidad se había perdido. El tiempo parecía no importar.
Lo único que tenía en mi mente ahora, era poder vengarme de todas las personas que provocaron que no pudiera estar con mi mamá. Con Maribel fuera de mi mente, ahora ponía todas mis fuerzas en recuperar a la persona que de verdad me quiso siempre.
-¿Que hago aquí? Le pregunté a él.
-Tenía que prepararte una aparición triunfal, querido amigo. Los buenos comandantes no han salido de la cárcel y mucho menos sin algún mérito para tener ese cargo. Me respondió.
-¿Quieres que sea tu comandante? ¿De qué?
-Habrás escuchado los rumores de guerra. Este mundo ya termino su ciclo, es hora de poner las cosas en orden y tú serás el encargado de hacerlo.
-¿Y cómo harás para que me sea un comandante? Para empezar ahora no sé donde estoy, si estoy vivo o muerto. Lo último que recuerdo es que me dispararon en la cabeza.
-Bueno, querido amigo es hora de refrescarte la memoria. En el momento que caías, me metí dentro de ti. No me mires así, porque a mí tampoco me gusto mucho entrar ahí. Entenderás que ese golpecito no me hizo mucho daño. Me levante y ante la mirado atónita de los militares me puse a andar. Ellos rápidamente bajaron y fueron a verme. Sorprendidos me llevaron ante el general y le explicaron lo sucedido. “General, delante de nosotros este hombre recibió una bala perdida en la cabeza, cayendo incontables metros en un pozo y sigue aquí con nosotros. Se trata de un milagro.”
-¿Esa es mi entrada triunfal? Con un agujero en la cabeza, ¿y creyendo esa gente que soy un milagro?
-Que querías también, ¿qué te de un titulo de sargento o algo por el estilo?
-Ya bueno, sigue contando.
-Entonces la noticia recorrió todo el país, pronto te hice famoso deberías agradecérmelo. La gente dejo de tratarte como el secuestrador y empezó a pensar que tú en realidad los querías salvar en el momento que te detuvieron. Luego de curarte, todos empezaron a pedirte consejo y así fue cómo poco a poco fuiste ganando poder y credibilidad. Pronto te codeabas con las personas más influyentes del país. ¿Y no sabes? Te eligieron comandante para protegerlos ante los rumores de guerra.
-Y como es que no supe, ni sentí nada. ¿Cuánto tiempo ha pasado?
-Poco más de 1 año.
-¿Qué? Pero si siento como si fuera ayer que estaba en la cárcel. No puede ser que haya pasado tanto tiempo.
-Pronto descubrirás que nada es real y mucho menos el tiempo, querido amigo.
-¿Y ahora dónde estoy? Con mi sueldo de comandante no creo que esta sea mi habitación.
-Se que no es muy acogedora, pero aquí podemos hablar sin que nadie nos molesto. Bueno sin que casi nadie nos moleste. Para terminar te hice un pequeño regalo en tu brazo derecho, espero que te guste.
-A ver que será, ¿las llaves de un auto? o ¿un viaje a la polinesia francesa? Ah no, un dragoncito.
-Esa es la señal que todos seguirán y que demuestra que tú eres la persona a quien deben seguir.
-¿O sea quieres que te consiga adeptos?
-Eso sería lo idóneo. Tenemos que tener aliados para poder afrontar las próximas batallas, querido amigo.
-¿Me darás algún otro poder? Por ejemplo escupir llamas o algo así.
-No te preocupes por ello. Cuando lo necesites haré salir fuego del mismo infierno si es necesario. Con ello, seguro que te ganarás infinidad de seguidores.
-Está bien, ya deseo ponerme manos a la obra con mis dirigidos. Devuélveme con mis tropas de nuevo.
- Así me gusta, que tengas iniciativa. Juntos podremos hacer cambiar a este mundo.
-¿Juntos? Que linda palabra, haber cuánto dura esa “unión”.
De nuevo en el mundo real, comenzaba a integrarme a mi nueva vida. Todo iba a un ritmo vertiginoso. Como era de esperar las personas creían cada vez más en mí. Y la guerra seguía con su etapa de formación. Pronto debería elegir de qué lado ponerme, puesto que, necesitaría mucha ayuda para poder derrotar a todos los que se me pongan adelante.

Capítulo X - Otro día más sin ti

1 comentarios
Admirando la obra maestra que tenía en el brazo, comencé a recordar los pormenores de cómo había llegado tan lejos. Primero era una persona común con sueños irreales y difíciles de alcanzar. Ahora estaba prácticamente en la cima del mundo. Miles de personas me seguían y adoraban, y no era por casualidad, me consideraban su “salvador”, la persona que acabaría con las desdichas y penurias que acosaban desde hace tanto tiempo al mundo.
Pero nada más lejos de la realidad, yo era la persona que les llevaría a su destrucción. Ahora pocas cosas me importaban más que el poder. Mi mama solo era un pequeño destello y Maribel solo aparecía en mis más profundos sueños.
Samael tenía algo en mente y yo previsiblemente no me iba a quedar atrás. Si conseguía adueñarme del mundo, él no se conformaría con eso e iría a por el premio mayor. ¿Sería posible que su objetivo sea llegar al cielo? Pero entonces ¿Por qué me utilizaba? si era un simple mortal y aparte no muy religioso que digamos. Todo era muy confuso pero sentía que faltaba poco para conocer la verdad.
Con el transcurso del tiempo gane muchos enemigos. Sobre todo en el viejo continente, que no aceptaban que el salvador había vuelto y que ellos habían errado en sus milenarias costumbres cristianas.
Mis ideologías y palabras derrumbaban los estamentos que habían perdurado desde que supuestamente Jesús los había creado. Para ellos era una amenaza, su religión estaba desgastada y criticada, mientras que mis seguidores podían conocer más de cerca la vida espiritual.
“Durante mucho tiempo hemos orado a figuras de piedra, perdonado a pecadores simplemente yendo a confesatorios, pensando que con eso Dios nos iba a perdonar. Golpeándonos el pecho y yendo a comulgar para luego a la salida del templo seguir con nuestra vida llena de excesos y mentiras. Nadie es perfecto todos fallamos. Díganme una sola persona que se lleve bien con todo el mundo, sea amigo de todos, alguno que quiera a las personas que luego le traicionan……”
Todas esas palabras iluminaban los ojos de millones de personas que pensaban que por fin habían encontrado su verdadera religión la que les iba a salvar. Pobres ilusos no sabían que todo era un plan para conseguir el poder que tanto anhelaba.
En ese instante tocaron la puerta al parecer tenía visita. Algo raro porque ya eran más de las 2 de la madrugada.
-Señor José, mi nombre es Susana Valle tengo un mensaje urgente desde el puesto de control. Me dijo una voz entrecortada.
-¿Es grave? Le respondí.
-Podría decirse que sí. La guerra comenzó.
Rápidamente me enfundé mi traje militar y salí apresurado hacia el puesto de control. Las tropas de los “rebeldes” –así decidí llamarlos- avanzaban desde Alemania conjuntamente con Rusia hacia el punto de encuentro que era España. Parecía como si Europa hubiera unido fuerzas para luchar contra los “malos de la película” (que éramos nosotros claro). Mientras que África, Oceanía y Asia parecían no inmutarse con tal enfrentamiento. Tras varias llamadas de su “salvador” y una breve espera América entera se unió para combatir. Era una lucha contra Europa, que hipócritamente defendía que debíamos seguir su misma religión, puesto que la suya era la verdadera y la que deberíamos seguir. Pero su temor era que el “salvador” no estaba en sus tierras y mucho menos quería estarlo. En pocas palabras no querían que siguiera adquiriendo más y más poder, ofreciendo salvación y protección a los míos y por otro lado perdición y condena a los demás.
Las negociaciones comenzaron pero pronto se rompieron, la guerra era inevitable. Ofrecí ir yo mismo hacia tierras enemigas para conocer las verdaderas intenciones de los “rebeldes”. Ellos gustosamente aceptaron puesto sabían que estando en sus tierras era blanco fácil, pero ellos no sabían que yo contaba con una ayuda “divina”.
Pronto estaba en un avión rumbo a España para reunirme con los más grandes dirigentes de aquel continente. Samael no se había separado de mi en ningún momento, silenciosamente había seguido mis movimientos y sabia de mis intenciones. Entonces comencé a ver delante de mí cazas que se acercaban a gran velocidad. Ni siquiera había aterrizado y ya me querían matar.
Ordene a mis pilotos ganar altitud para intentar perderlos, ellos confundidos obedecieron y tras pasar una gran masa de nubes nos vimos de frente a veintena de cazas listo para disparar. Sin tiempo para mediar palabra comenzaron a disparar. Y pronto el avión comenzó a arder.

Capítulo XI - El reencuentro

1 comentarios

Podía ver como cada una de las piezas del fuselaje del avión se desintegraba delante de mí, en ese momento cuando caía cada vez más rápido, sentí como alguien me levantaba, me protegía de las llamas y las piezas que salían disparadas por doquier. Poco a poco iba llegando al suelo y con asombrosa delicadeza me tumbó en el piso.

Tras un momento de confusión giré mi cabeza para ver quién me había salvado y quede atónito ante tal visión. Sí, era ella, la misma que había despreciado y odiado por tanto tiempo, ahora había vuelto para tenderme una mano, para ayudarme. Tenía a mi lado a Maribel, ella me miraba fijamente a los ojos, me hablaba pero yo no reaccionaba, no podía hablar.

Me sonrió como tantas veces antes lo había hecho, me acarició y me beso cerca de la mejilla. Yo inmutable a sus caricias seguía en silencio mirándola con incredulidad su vuelta. No podía entender porqué había vuelto, pero ahora sentía que iba a volver a dejarme.

Pero todo cambio repentinamente, tras unos segundo mirándonos a los ojos, ella se volvió a ir se desvaneció delante de mí y de nuevo la oscuridad se apodero de mí. El odio calentaba toda mi sangre pero ese amor que algún día tuve hacia Maribel comenzaba a surgir cual supernova dentro de mí.

-¿Porque hago todo esto? Me lamente.

Un día tuve esperanza, tuve objetivos para mi vida. Ahora solo era un títere sin alma de un ser que se quería apoderar de todo. La vuelta de Maribel era una señal de que ella quería salvarme, de que todavía yo tenía esperanza.

Pero, ¿Cómo haría para librarme de aquel ser? y mucho más difícil ¿Cómo podría reencontrarme con Maribel? Mi amor por ella comenzaba a ganarle la partida interna al odio y rencor que tenía. Apunto de comprender que debía cambiar, Samael volvió a entrar en escena.

-Parece que te chamuscaste un poco, pero bueno, al menos no tienes nada grave. ¿Fue divertida la caída? Me dijo tras una breve carcajada.

-Parece que tú también te has chamuscado y eso que no estuviste conmigo. A no, tú ya eres así. Le replique.

-Esos tipos de comentarios me recuerdan mucho a cuando recién te conocí. Querido amigo.

-¿Para qué me necesitas? Si eres tan poderoso porque no consigues tus objetivos tu mismo.

-Yo te estoy haciendo un favor, querido amigo, si quieres me voy y te lanzo a donde debes estar, en otras palabras al infierno. Porque no has sido muy bueno que digamos.

-No eres capaz de hacerlo, tú me necesitas.

-Si claro, por ello no hice nada por ayudarte.

-Me quieres confundir, tratas de que piense que soy insignificante para ti, pero en realidad no serias nada si no estuviera vivo.

-Podemos seguir conversando todo el tiempo que quieras, querido amigo. Yo no necesito de ningún humano para llegar a la cima, al lugar de donde nunca tuve que salir.

-Si saliste de aquel lugar, será porque no eras muy bueno ¿no crees?

-Soy demasiado inteligente para ellos y muchísimo más que tú. Respóndeme ¿Quieres que te mande a lo más profundo del infierno? O por lo contrario vivir eternamente con nada que te falte.

-Ahora supuestamente estoy muerto, cuando vean que estoy totalmente vivo, mi fama y poder crecerá más. Ya no te necesito. Yo solo puedo conseguir todo lo que me proponga.

-¿También a Maribel?

Con solo mencionar su nombre, todo mi ser se paralizó, una profunda tristeza recorrió todo mi cuerpo. Su imagen comenzaba a dibujarse en mi mente, con su característica sonrisa y sus ojos que creaban poemas solo con verlos.

-Yo sé la manera de cómo puedas volver a juntarte con ella. Sígueme y podrás obtenerla. Soy generoso contigo, aunque te hayas sublevado conmigo te ofrezco lo que más quieres en este momento. Dime que decides. Me propuso aquella bestia.

-Tú sabes muy bien lo que quiero, espero que cumplas con tu parte dime que tengo que hacer.

-Ves como no debemos llevarnos mal, tu tendrás lo que anhelas y yo lo que quiero así de fácil querido amigo.